Herramientas para el camino



Práctica # 1
Centrarse
21/08/2017

Realicé la práctica durante 15 minutos, tiempo mínimo que considero necesario para avanzar, pues ya hace tiempo solía meditar con el mantra om mani padme hum. Mi meta es hacer hábito de meditación todos los días y lograr apagar mi mente, cuestión por la que considero el cuarto de hora como tiempo mínimo. Me senté sobre una colchoneta y dos cojines en la posición del sastre. Logré encontrar relajación en todo el cuerpo menos en piernas y en espalda. Estas áreas me molestaron durante toda la práctica. Llegué a un ritmo muy lento de respiración, pero la mayor parte del tiempo fue automático, pues mi mente divagaba mucho. Los primeros minutos sufrí una respuesta sexual acompañada de pensamientos eróticos. Tras dos minutos esto cesó y llevó a pensamientos sobre el futuro: las clases de hoy, el ejercicio físico y la escritura de este texto fueron los asuntos que más abarcaron mi mente. A pesar de la lentitud y calma de la respiración, sentí cierta ansiedad, sobre todo por el futuro. Calculo que, en promedio, el tiempo que divaga seguido hasta recordad concentrarme en mi vientre variaba entre uno y dos minutos. Los últimos tres o cuatro minutos empecé a fruncir el ceño por la ansiedad del futuro. Espero poder centrarme mejor la próxima vez.




Práctica 2
Meditar caminando
1 de septiembre de 2017

Esta práctica se me hizo muy difícil. ¿Quién diría que costaría tanto concentrarse solo en caminar y no divagar en el interior de la mente? Preocupaciones económicas y sobre el futuro de mi vida se tomaban mi concentración. El lapso máximo de concentración en el presente casi total fue de alrededor de dos minutos, antes de que mi mente divagara las cuestiones del cotidiano y de medio plazo. Disfruté bastante aunque sentí la presión de mantenerme enfocado, cuestión que me alejaba de lograrlo. En lo físico me sentí excelente. Mi cuerpo estaba muy relajado y mantuve la respiración constante durante toda la práctica. El único malestar fue el del ácido láctico regado en los músculos de mis pantorrillas. En lo emocional me sentí bastante tranquilo, en paz. En algunos momentos sentí un poco de preocupación por el estado de cuenta de mi tarjeta, el cual conlleva algunos malentendidos y errores de gasto. El clima estaba fresco y la calle silenciosa, con pocos vehículos movilizándose por esa zona de la ciudad.



Práctica # 3
Conversar con el árbol
08/09/2017

 Para poder hacer esta práctica tuve que ir al parque metropolitano, por dos razones: la primera es que por cercanía y la segunda es por privacidad. No me sentiría cómodo, ni pudiera concentrarme si muchas personas me estuvieran observando mientras hago la práctica. Fui hoy en la mañana, me senté junto a un árbol que estaba junto a varios árboles más, lo que hacía de su sombra sea más amplía. Me senté, me sentí muy cómodo. Estaba disfrutando del aire puro y de la brisa. Me sentí muy bien tanto física con mentalmente. En especial los primeros minutos. Pero a medida que me adentraba en la práctica una sensación de intranquilidad me invadió. Recordé el estado de mi abuela y me puso triste que esté a punto de partir y en plena agonía. Esto junto a recordar mis responsabilidades académicas intensificaron mi intranquilidad. Pero pude tranquilizarme y relajarme, enfocándome en una respiración profunda.  No pude comunicarme con el árbol, ni obtener respuestas directas. Puedo definir el Tao según lo que he aprendido y leído, pero no puedo comprenderlo. Es algo muy complejo, aunque a veces pienso que se encuentra en la esencia de la naturaleza. 


Práctica # 4
Respiración yoga
15/09/2017
Realicé esta práctica durante alrededor de nueve minutos. Al inicio se mi hizo complicado controlar las cantidades de oxígeno que entrara que en cada nivel de los pulmones. En la tercera o cuarta respiración tuve que hacer una leve respiración rápida porque me ahogaba. Después de ello, pude controlar mucho mejor mis niveles de oxígeno y concentración. Conforme pasaba el tiempo, me sentía más y más en control de mi respiración. Me sentía un poco ansioso antes de empezar, sensación se fue desvaneciendo en los siguientes tres minutos. Si bien es cierto que durante la mitad de la práctica vinieron pensamientos sobre el futuro, estos no perturbaron mi tranquilidad. Me encantó que no fui invadido por pensamientos sexuales claros sin reacción física en mí. Por lo usual, cuando medito, a los cuatro o cinco minutos empiezan pensamientos sexuales que suben mi presión y ritmo cardíaco. Me encantó el hecho de que esta práctica precisa de una concentración más física que mental, entonces es más difícil divagar que con la repetición del mantra om mani padme hum, estilo tibetano que adopté en mi vida. Cuando terminé la práctica, sentí los beneficios que me da la repetición del mantra en media hora: relajación del cuerpo, paz mental y emocional, calma y cese de la ansiedad. Esta práctica me gustó tanto que la voy a incorporar a mi vida diaria, pues, si en nueve minutos me causó tanto bien, no imagino que podría hacer en una hora. 



Práctica # 5



Meditación sentada: Zazen
20/09/2017
Esta experiencia fue trascendental para mí. Me pasé una hora y media buscando la media flor del loto. No podía resistir ni dos minutos. Al no tener un zafú, con varios almohadones era complicado acomodarme. En la posición me mataban las rodillas y los tobillos todo el tiempo. Finalmente, después de sudar la gota gorda, me decidí por adoptar la posición burmesa. En esta me mantuve cómodo y tranquilo durante los diez minutos que realicé la práctica. Bueno, un clic que me sucedió fue a través de la premisa: mirar pasar los pensamientos como nubes en el cielo. Por lo general, cuando medito repitiendo mantras huyo o me enfrasco sin notarlo en los pensamientos. Entonces es como si me flagelara mentalmente: “¡ya deja de pensar y concéntrate!” Con el Zazen la cuestión fue más equilibrada: dejar pasar los pensamientos me permitía no reaccionar a ellos de forma cortante. Esto produjo un control de mis emociones mucho mayor que con la huida agresiva a los pensamientos, sobre todo a los que me provocan ansiedad. Tal como lo decían las instrucciones, la posición con el centro de gravedad más bajo, los pulgares juntos, los ojos semiabiertos y la lengua en el paladar me hizo un clic distinto, sentí que algo cambió en cuanto a mi experiencia hacia la meditación. La forma más cercana de traducir a palabras cómo cambió mi manera de apreciar la experiencia fue con el texto de mi primer aporte en el foro de esta semana. El cuál dejo aquí:
“Aquello que no he perdido, es aquello que no precisa ser encontrado. Aquello que no he perdido, es aquello que no me ata a nada. Aquello que no he perdido es aquello que ya he encontrado. Lo que encontré es lo que no busqué. Lo que busco no lo hayo porque la esencia de lo imperdible está en no buscarlo. La búsqueda es agotadora, extenuante. El hallazgo es imperceptible a la búsqueda. En el fondo del mar puedo buscar y jamás hallarlo. Pero puedo estar quieto en el respirar y lo encuentro sin buscarlo. ¿Cómo reacciono a su encuentro? Pero si reacciono, significa que busco y, por ende, no lo encuentro. Cuando lo encuentro el resto lo busca en mí, pero en ese instante se desvanece. Cuando yo lo busco en otros, gasto toda mi vida en la búsqueda, y, al irme a dormir, no me percato que siempre estaba bajo mi almohada. Cuando me percato levanto la almohada y ya no está. Cuando no me percató y tan solo lo noto, está allí, lo que jamás perdí. Siempre estuvo allí, pero no lo note por estar siempre buscándolo. Y finalmente llega el día de mi muerte. Y puedo seguir buscándolo aun después y no parar. O puedo tan solo notarlo y morir en paz y no regresar.”
 


Práctica 6
29/09/2017
Respiración yoga
Decidí repetir esta práctica por el impacto que tuvo en mí. Esta vez la reacción fue bastante interesante. En vez de limpiarme de las sensaciones y emociones malas, me las sacó a flote. Sacó a flote la tensión por mi tesis con pensamientos sobre lo que tengo que hacer en estos días para su desarrollo. Los dolores de cuello y abdomen se intensificaron durante la práctica. Sentí bastante tensión en mi cara, lo cual pienso que fue bueno porque ahora la siento más relajada. Quise seguir hasta no sentir tensión alguna, pero no lo conseguí. Me tomé 15 minutos para llevar a cabo esta meditación. Creo que el enfrascarme sobre los apuros de la tesis es lo que me causó tensión en el rostro. A veces no era consciente de este, hasta que era tan presente que me daba cuenta y ponía mi energía en relajarla. Ahora me siento calmado, relajado y contento. Las cosas se ordenaron mejor en mi cabeza. Ahora no siento una mezcolanza de cosas por hacer, sino más bien una lista. Creo que esta práctica junto con el zazen son formas de meditación que de seguro voy a incorporar a mi vida definitivamente.
 


Práctica # 7
Aplicación en la vida diaria
06/10/2017
Realicé esta práctica con los gathas para usar el baño y para cepillarme los dientes. Me pareció una práctica bastante distinta a las usuales meditaciones interiores de repetir mantras y observar pensamientos y respiraciones. Ahora fue hacer acciones con plena consciencia de ellas. La pasta de dientes me supo exquisita. La sensación de higiene oral me provocó gran placer. Aunque no todo el tiempo me enfoqué en este, pues gran parte de la práctica se basó en no perderme del momento presente con pensamientos referentes al pasado. El gatha sobre el uso del baño me hizo pensar sobre nuestra aversión hacia las heces. A la final, es un proceso natural de nuestro cuerpo que nos limpia y purifica. El acto mismo de defecar creo que es bastante gratificante. Durante algunos instantes sentí una leve ansiedad sobre qué voy a escribir en el diario, pero me concentré en decirme: “presente y consciente” más la repetición del gatha respectivo. La práctica me pareció una cuestión novedosa e interesante. Creo que es una nueva forma de meditación que nos podría permitir meditar hasta en la mitad del tiempo que tenemos despiertos. Algo muy provechoso.      
 


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